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Carta de un sacerdote


Estimado Padre Joaquín:

Quiero comentarte a manera de información lo que aconteció en la tarde de ayer, hrs. 15:00, en la iglesia de María Auxiliadora (La Paz-Bolivia), los hermanos de las Comunidades Neocatecumenales parecían un hervidero, que iban y venían, todos llevando algo, flores, velas, cirios, manteles, mesas, sillas, en resumen parecían preparar la Basílica como para el día de pascua, flores abundantes, adornos, cirio pascual, altar en el centro de la iglesia delante del presbiterio, bancos a su alrededor a cierta distancia, en fin, todo como para una gran fiesta.

En la sacristía seis sacerdotes acompañaban al Señor Arzobispo: Mons. Edmundo Abastoflor y al Obispo: Mons. Gonzalo del Castillo. Entre ellos yo era el único extraño entre tantos fieles que han hecho el camino, y participaba en la celebración observándolo todo. Fui porque Jhonny Zambrana (el difunto) había sido alumno mío en el seminario de Calacoto (La Paz) e hicimos en aquel entonces buenas migas (como dicen los españoles). Era pues por mi parte un deber participar en la celebración.

Al fondo de la Iglesia, los sacerdotes esperaban pese al viento y al frío helado del invierno. El ataúd llevado a hombros por algunos jóvenes neocatecumenos, delante del ataúd una mujer con el rostro dolorido pero sereno llevaba una palma seca, la que suelen entregar a los neocatecumenos el domingo de ramos, iba acompañada por tres hijos suyos, todos serenos, tranquilos como si fueran a participar de una celebración eucarística normal.

El Arzobispo dio una bendición al féretro y luego dirigió unas palabras a la señora, la esposa de Jhonny y saludo a cada uno de sus hijos. Luego, se inició la procesión de entrada, Cruz, Ciriales, Incienso, Ataúd llevado a hombros, la señora con sus hijos, los sacerdotes (entre ellos yo) y finalmente Obispo y Arzobispo.

Mientras tanto, desde el micrófono del altar se entonaba un canto conmovedor, alternado con un solo, con una cantora vestida con abrigo rojo, invitándonos a pensar en la muerte. La voz clara y precisa, las palabras bien pronunciadas, nos invitaban a pensar en la muerte como un paso a la vida. A mí me saltaban las lagrimas.

Al subir al presbiterio tras los ritos iniciales saque estúpidamente pañuelo para secarme las lagrimas. Luego, levante la cabeza para mirar el espectáculo:

¡ Oh, maravilla ¡¡¡, ninguno lloraba, yo era el único extraño que desentonaba en la celebración. Mire a la esposa, serena y tranquila, a sus hijos, etc. El Padre Ruddy que estaba a mi lado me dijo, la joven que canto, la del abrigo rojo es una de sus hijas.

Mi asombro aumento cuando antes de empezar como de costumbre la Santa Misa, el Arzobispo nos indicó que tomáramos asiento y de inmediato la esposa se acercó al micrófono e hizo una monición ambiental a la ceremonia, como acostumbran los catecumenos. Yo me sentí estremecer al escuchar esas palabras sencillas en un momento tan clásico donde la muerte, amarga, dejaba a una mujer con siete hijos.

Me hizo recordar la madre de los Macabeos, en ningún momento salió de su boca, una queja, una amargura, ni siquiera la mas mínima.

Las palabras que se escuchaban claramente en nuestra Iglesia de María Auxiliadora seguidas atentamente por centenares de catecumenos que llenaron la Iglesia de bote a bote, eran: gracia, paz, don, fe. Esta mujer daba gracias a Dios por el don de su esposo, por la fe recibida, por haber sembrado la paz en su hogar y por todo ello expresaba su sentimiento de gratitud a Dios, a la Iglesia, al Camino Neocatecumenal, a su Madre por la fe recibida y nos invitaba a todos a celebrar este día de gozo con el mayor agradecimiento a Dios que acogía en su seno al hijo fiel, quien desde el cielo iba a continuar protegiendo y amparando a su esposa y a sus siete hijos como lo había hecho siempre en esta vida.

Le soy sincero Padre Joaquín, yo Rector de la Universidad Salesiana, no podía contener las lagrimas, pero le puedo asegurar que estos catecumenos cumplen lo que dice San Pablo: "...ustedes no sean como los que lloran porque piensan que no hay resurrección..."

Mi estimado y apreciado Padre Joaquín, ellos me han dado una gran lección, efectivamente ha sido una misa de Gloria, de Resurrección, de Aleluya, se canto el gloria, el credo, cantado también por la misma esposa. Canto la presentación de ofrendas otro hijo suyo, se dieron la paz como el día de las grandes fiestas.

Ha sido todo como Dios y la Iglesia quiere, no falto el incienso, las palabras sencillas y profundas de nuestro Arzobispo, en fin, un día de cielo, de vida eterna. Ha sido el encuentro del hijo Jhonny con nuestro Padre Dios.

Las lecturas apropiadas, oraciones atinadas, todos los pasos y momentos bien organizados por los catecumenos que lo habían previsto todo.

Me he encontrado pues con un grupo serio y creyente que tiene fe clara y precisa, con una iglesia viva, con un templo lleno de gente, un grupo fuera de este mundo que camina por la senda de la fe hacia el Señor.

Todos los detalles son dignos de verlos, pero lo que más me impresionó es que aquí he tocado con la mano que vale la pena creer en Dios, pues al final de la vida se cosecha lo que se ha sembrado y solo la fe nos señala el verdadero camino hasta que el Señor nos diga:

"VEN SIERVO FIEL AL ENCUENTRO DE TU SEÑOR"

Nota: Jhonny Zambrana murió con cáncer. Era catequista de las comunidades de La Paz – Bolivia, se encontraba en la segunda parte del Padre Nuestro.


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Camino Neocatecumenal en Puerto Madryn - Chubut - Argentina, Parroquia: Cristo Resucitado
Pagina on-line desde el 01/03/2003 - Ultima actualizacion 24/02/2004