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II convivencia de cantores. Madrid, marzo 1978


Kiko Argüello:
Que el Señor nos conceda humildad para este servicio y poder expresar en el ambón los sentimientos del salmista para ayudar a la asamblea y esto es solo gracia.
La Paz

El cantor

Este servicio es importante en la comunidad. ¿Qué misión tiene el cantor en la comunidad?: ayudar a los de fe más débil, la música acompaña y sirve a éste, acompañar a la palabra. El canto es un sacramento (signo visible), es una forma por la que la comunidad dice a Dios, mediante signos, que la Palabra proclamada ha sido fecunda, que ha cumplido su misión en medio de nosotros. Dice la Escritura que la Palabra de Dios es como la lluvia que cae sobre tierra y siempre la fecunda, nunca vuelve a Dios vacía. La respuesta a la Palabra en la asamblea es el canto. Siempre que cantamos Palabra de Dios, se la devolvemos hecha carne, hecha canto, cantada a una voz.
¿Cuál es la misión de la Palabra en la comunidad?. La Palabra crea la comunión, la koinonía, el amor entre nosotros. Los amigos cuando se lo pasan bien cantan juntos, no así los enemigos. De alguna forma la Palabra logra ponernos en comunión. El canto crea la comunión. Tiene la misión de hacer de la pluralidad, suma de personalidades individuales sin comunión interior, la comunidad. El canto expresa lo que hace la Palabra en medio de la pluralidad.
La primera expresión en la comunidad, los primeros berridos, son los cantos, que preanuncian que se empieza a crear la comunión. Cuando se está en crisis no se canta. Por eso, dime cómo canta una comunidad y te diré que espíritu tiene.

El cantor ayuda a que la comunidad cante, enseña los cantos. El cantor expresa que la comunidad nunca subsiste sin Cristo que la fecunda, la perdona, la conduce por el camino que va al Padre, El está con nosotros, suscita catequistas, nos lleva paso por paso.
La comunidad no puede cantar sin su cabeza, Cristo. El solista representa a Cristo; la comunidad responde al solista. Ningún salmo se canta sin estar unido a Cristo. Todos tenemos un acusador, satán, te quiere convencer que tú eres un cerdo, un imbécil, que estás neurótico, que nuca cambiarás de vida y te invita a largarte de aquí. Que te vayas y te dejes de cristianismos, nos dice que Dios no puede querernos. El abogado, el que nos defiende, es el Espíritu Santo paráclito. Nos dice lo contrario: Cristo ha muerto por todos los pecados. Para salvar al pecador.

La fuerza del pecado es la ley, dice San Pablo; paga, no tienes salidas, el pecado te aplasta como una losa, te mete hasta el fondo. La imagen de Cristo es que ha muerto por los pecados. La imagen de Jesús en la cruz significa que cuando te sientas oprimido por el pecado, me sienta cercado, la ley me condena, Jesús ha dado la vida por la Ley, Dios me acepta, no me rechaza, me vuelve a perdonar, tengo en Jesús una luz para mis pecados, Jesús ha abierto un camino, es el único que me quiere pecador, no quiere que peque porque el pecado me destruye. Viendo a Cristo conozco a Dios, Cristo intercede, hace de puente, comunica a Dios, el Espíritu de Dios, que me ama. Por eso Cristo canta con nosotros, dice en el salmo 16: "los enemigos me acusan: venga de Tí mi sentencia, los demás me condenan, Tú ves la rectitud, soy inocente, tengo...."; Jesús reza con nosotros. Nos permite decir: "Tú me escrutas por la noche y ves que no tengo malicia en mi corazón". Jesús se ha hecho uno contigo, se presenta ante el padre unido a tí. Jesús muere, se hace carne conmigo, se ha hecho Kiko, pecador.
Nunca cantamos la Palabra de Dios sin Jesús. Tú sabes que no hay malicia en mí, puedo decirlo porque Cristo está cantándolo conmigo, me acompaña. Hay una parte que la canta el solista. La comunidad unida a Cristo remacha. Es importante que el cantor haga el servicio con un mínimo de humildad:"la
humildad es la verdad" (Sta. Teresa). La música es a la Palabra lo que el Espíritu al cuerpo. Cada palabra tiene una música, la música es el tonillo. Al hablar lo hacemos con una música. Lo que nos molesta a veces es el tonillo (¡Nos dice la cosa con retintín!...).

Cada palabra tiene una música. Esa música, es el espíritu de la palabra, como el cuerpo, y que procede del espíritu del hombre, de cómo lo sienta, por eso el que habla, por su música se puede conocer si suena a falso, pues es difícil engañar, pues no depende de la razón sino del subconsciente, no la puedes controlar.
Uno se enrolla porque quisiera decir la verdad pero no la dice, no da de lo de dentro y se le nota. Otro, el neurótico, todos los días contando batallitas. Otro, habla y todos le escuchan, cuenta sus vivencias, nos damos cuenta de que al hablar da algo, todo el que se da aporta, da algo. Cuando uno se enrolla...¿Qué quiere decir que se enrolla?: que envuelve, intenta camuflar sus palabras, y se nota. La música de las palabras no se puede cambiar. Por eso lo lectores de la Iglesia no eran gente de la radio, en primer lugar porque no había; se elegían entre los que tenían fe, que podían testificar el Evangelio. Cuando lo proclamaban metían su música, su vida.
Cuando la comunidad llegue a su madurez surgirán ministerios según su fe. Todo esto es para decir que con la Palabra cantada es peor. Todo cambia cuando se habla con el Espíritu. De lo contrario al hablar uno dice su verdad: que es un pecador,..., y no hay quien lo aguante.
Cantar es difícil, no porque haya que vocalizar, etc., sino porque es difícil expresar lo de dentro, mostrar el contenido del Evangelio. Os invito a cantar en la Verdad, que sale siempre del corazón, para no ser signos de vuestro pecado. La música no se puede camuflar.
Se va a descubrir en el camino el servicio de salmista, importante y difícil.
¿Cómo se forma un cantor?: el cantor se va formando conforme vive su fe.
Hacer buenos cantores es hacer gente que viva el cristianismo. Conforme vive su fe, crece su posibilidad de decir. Ahora que hace falta un mínimo de voz, aunque lo importante es que se sienta, y no se siente porque uno quiera, se nota si uno está afectado, canta con afectación. En la asamblea cristiana no había este ministerio. Es importante la postura, pues quita si no el respeto a la Liturgia, porque hay una presencia; con el cuerpo se dice aquí está Cristo. Estamos en el nombre del Señor, haciendo un servicio, está el Espíritu del siervo sufriente. El cantor es el que tiene más Espíritu de este siervo, y posibilidades de exultar. El canto es la expresión religiosa más alta, más que el templo, la música. Todas las religiones tienen sus cantos. Cantar con todas las fuerzas, alzando la voz a Dios. El canto es a la Palabra lo que el Espíritu es al cuerpo... como la danza expresa el amor comunicado, es una forma de sentirnos unidos al hombre, una asamblea que expresa lo que hace el Espíritu Santo. Vamos a un tipo de asamblea comunitaria.
El Señor nos llama a convertinos a cantor, a trabajar nuestro servicio, conocer un mínimo la guitarra. Lo más importante del canto es lo que lo conforma, la forma de decir, el músico viene detrás al servicio del Espíritu. El cantor es un instrumento al servicio del Espíritu. Tenemos la responsabilidad de que no se cante de cualquier forma, por eso hay que aprender bien los cantos, cantarlos cercanos a nosotros los catequistas, ya que el Señor nos los ha inspirado para abrir este carisma.


El Carisma del Salmista-Cantor

Apuntes de una catequesis de Kiko en convivencia de cantores en Roma 16 Marzo 1980.
Está surgiendo un nuevo carisma, un nuevo servicio a la Iglesia: el Salmista-Cantor. Es el carisma de David, quien desde dentro de su pueblo y con su pueblo ha elevado al Eterno el grito de la súplica y de la alabanza.
Es el carisma de Nuestro Señor Jesucristo, verdadero y único Cantor, que desde dentro de nuestra condición humana, para nosotros y en nombre de todos nosotros, ha elevado el "sacrificium laudis" al Padre de la Misericordia, con corazón y labios puros que han confesado su amor.
El canto es muy importante en la comunidad cristiana. En muchos de los Ritos cristianos antiguos -lo mismo ocurre en los hebreos- toda la liturgia es cantada. El canto expresa la verdadera naturaleza de la Iglesia: pueblo orante y exultante, reunido por la palabra de Dios en el Amor. El fruto de la Palabra, bajando como rocío y tomando posesión de la asamblea, ha producido -amor, comunión fraterna- vuelve a Dios subiendo hasta lo alto como suave perfume en forma de canto a una sola voz, "con un solo corazón y una sola alma".
Vosotros estáis llamados a reconstruir la asamblea que canta, que "expresa con el canto la exultación del espíritu" (Pregón pascual). ¿Dónde encontramos hoy una asamblea así?
Pablo VI, en una serie de catequesis tenidas los miércoles desde el 8 de julio al 15 de septiembre de 1976, dedicadas al tema de la reconstrucción de la Iglesia en la presente generación, ha afirmado: "Hay que construir la Iglesia... lo repetimos, la Iglesia debe ser construida en el siglo presente... Nuestro tiempo necesita reemprender la construcción de la Iglesia, sicológica y pastoralmente, como si comenzara de nuevo, "da capo" por decirlo así, a regenerarse...
Hay que volver a levantar el templo del Señor. ¿En dónde? ¡En nosotros. En nosotros habita el eterno! "La Palabra se ha hecho carne y ha puesto su Tienda entre nosotros". Nosotros somos la "Tienda de la Reunión", el "Santuario de su Shekináh"! (de su Presencia!). Hay que restaurar en el Templo del Señor un culto espiritual, un sacerdocio real y profético. Por eso estamos abriendo un camino de retorno para los alejados, para los ateos.
Hay que reconstruir la casa para acoger a los alejados. El carisma del Salmista-Cantor es fundamental en esta obra de reconstrucción. El Señor os confía una misión en la reconstrucción de la Iglesia en la presente generación.
Salomón construyó el templo y se preocupó de los cantores, y antes que él David, sobre todo. Es una cosa nueva a la que Dios nos está llamando. No tenemos una tradición, porque este carisma se había perdido prácticamente desde hacía siglos en la Asamblea cristiana (existía tal vez el maestro de coro que enseñaba los cantos de iglesia a los demás, pero aquí no se trata de esto). Ya no sabíamos lo qué es "expresar con el canto la exultación del espíritu". Entonces tenemos que buscarlo, inventarlo, tras las huellas de la experiencia más antigua de la Iglesia, y según lo que el Espíritu Santo está suscitando en nuestras comunidades.
El canto es la expresión más alta de la experiencia del espíritu religioso. La música es a la palabra lo que el alma es al cuerpo. Toda palabra tiene una música, es decir, un alma. Se pueden decir las mismas palabras con música diversa y el significado cambia. La música lo dice todo, más que la palabra. Es precisamente su aliento, su alma. De esa música tú no eres consciente cuando pronuncias la palabra. Por eso es difícil que puedas engañar: la música que pones sin darte cuenta en la palabra expresa lo profundo de ti... si eres verdadero, auténtico o no! La música se te escapa, no puedes dominarla, te traiciona... He ahí la importancia de la música que acompaña y anima la palabra. Esto vale para el hablar normal (conversaciones, ruedas de experiencias, catequesis, ecos de la Palabra, etc.) En este nivel hablas y hablas.. y no dices nada, aburres, cansas, o bien hablas y agarras los corazones, no
cansas, porque transmites un espíritu, una vida, de lo profundo... Cuando uno habla como un disco... se desconecta, pero cuando habla con "música espiritual" te está dando el alma, el amor , la vida. Si esto vale tratándose de la palabra simple, mucho más tratándose del servicio de cantor y también de lector de la comunidad. El problema de fondo es que para cantar y leer como se debe se necesita fe.
Por eso no todos pueden cantar o leer. Hay cantores y lectores estupendos a los que les falta algo: el 'pathos', el sentimiento, no comunican nada.. No han recibido el carisma los que leen o cantan con una técnica perfecta, sino quien tiene el espíritu, y da ese espíritu a la palabra y al canto. ¡Se trata de ser testimonios! Uno puede tener una técnica estupenda o una voz excepcional, y sin embargo cantar o proclamar como un bronce que suena... Ciertamente hace falta también un mínimo de técnica para cantar y tocar. Si no lo tienes recibes lecciones de un maestro. Indicará que amas el carisma.
Pero para cantar con espíritu se requiere la conversión.¡Y para esto está el camino neocatecumenal! Entonces el servicio de Cantor es la síntesis de tres elementos: la Palabra, la música y el espíritu (la fe) del que canta. Cantad además con humildad: sed conscientes de que no podéis engañar a la asamblea.¡Cantas con la medida de fe que tienes! Sabes que si el Señor te está eligiendo como cantor te dará este carisma. Un Padre de la Iglesia decía "¡Nunca debemos dejar de hacer el bien por miedo a la vanidad!" Satanás te acusa:¿No ves que eres un vanidoso, que cantas para construirte a ti mismo? Y con falsa humildad te hace una mala jugada. Mas tú humíllate y confía en el Señor. Antes de cantar ponte en la presencia de Dios. Piensa en El. Piensa que no cantas para agradar a los presentes. Tú proclamas (el canto es una proclamación) ¿a quién? ¡a Dios! Vete al atril y disponte a cantarle al Señor. Al atril: un atril sólido como un trono, ¡como el Sinaí! desde el que Dios ha proclamado la Palabra de vida para nosotros. Amad a la Palabra: amor a la Palabra, y a lo que la contiene: el Libro, y lo que la sostiene: el atril (ambón!). Por el cuidado y el respeto a estos signos se ve vuestro amor a la liturgia. Y en la liturgia un momento fundamental es el canto, el "sacrificium laudis" (sacrificio de alabanza). En el atril tienes una actitud que expresa con el cuerpo lo que estás haciendo. Allí no ejecutas un canto de Kiko, sino que cantas una alabanza a nuestro Dios. Por eso no puedes cantar sin convertirte. Es importante conocer bien los cantos y cantarlos sin deformarlos, cantarlos según la 'tradición'. Hay muchos que no soportan cantar como canta otro (por conflictos, por antipatías, etc.), y retuercen, añaden una nota por aquí, un acorde por allá, etc... El canto lo ha compuesto otro. ¿Qué es lo que tienes que poner tú? La expresión, el alma, el espíritu ...¡que viene de tu conversión!
Hay distintas clases de cantos: salmos, himnos, aclamaciones, etc. Cada uno tiene una estructura propia, una expresión diferente. Dice S. Agustín:
cuando el salmo llora, llora tú con el salmo. Cuando ríe, ríe tú con el salmo. Cuando el salmo reza, reza también tú con él! Las notas sirven para expresar un contenido. Y así:¡"Desde lo hondo a ti grito, Señor!, ¡Señor, escucha mi voz!". El salmo exorciza: David cantaba y Saúl se calmaba, el demonio lo dejaba.

Por eso también decía S. Pablo: ¡cantad! Preparad bien los cantos de la Vigilia Pascual: preparaos y preparad también a la comunidad. Se ve la importancia de una fiesta también por esto: por el cuidado de la preparación. Los cantos particularmente importantes con tres:
el Pregón pascual, Caballo y caballero, la Bendición del agua... y también el Gloria.
¿Cómo hay que distribuirse los cantos? Que haga cada canto el que mejor lo hace, por el bien de la celebración. Enseñad a los presbíteros la Anáfora y la Bendición del agua. Hay presbíteros que no se atreven a cantar, porque dicen que tienen mal oído, que no han cantado nunca. No hay nadie desentonado por principio: todos tenemos las cuerdas vocales perfectas. Está desentonando el que tiene conflictos internos. En efecto, la música tiene relación con el espíritu y frecuentemente no es más que cuestión de complejos internos. El oído se puede educar. Yo he hecho cantar a curas que decían: ¿yo cantar? ¡imposible! Si tu presbítero dice:¡no! le debes obedecer, amarlo, dar la vida por él... De otro modo ¿cómo le mostrarás que Dios ha dado la vida por ti amándote? Cristo te ha amado a ti cuando le decías con tu vida:¡no¡, cuando eras su enemigo, te ha comprado a un precio caro derramando toda su sangre. Y ya Resucitado, vivo y rey para siempre a la derecha del Padre te envía su Espíritu Santo. Hay una gradualidad en los cantos del camino neocatecumenal: cantado antes de tiempo un determinado canto puede ser un moralismo. Y los cantos que nacen en las diversas comunidades tendrán que ser cribados. ¡Que el Señor os dé el espíritu de David!

La vocación del cantor

De: A.J. Heschel (Traducido al Español del original en Italiano: Por James Arosemena)
¿Qué cosa le espera a una persona que entra en una Sinagoga?
Para estudiar se frecuenta la Biblioteca, para adquirir riquezas de valor estético se va al museo de arte, para escuchar música, se va al concierto. Y, ¿Cuál es la razón para ir a la Sinagoga? Hay muchas oportunidades para adquirir los valores mundanos, oficios, técnicas, pero ¿donde se puede ir para aprender las profundidades del Espíritu? Existen muchas oportunidades para hablar en público, pero ¿donde encontramos oportunidades para el silencio? Muchos nos enseñaron como ser elocuentes, pero ¿quién nos enseña a callar?. Ciertamente es importante desarrollar un sentido de "humorismo" pero ¿no es más importante poseer un sentido de Reverencia? ¿Dónde se puede adquirir la Sabiduría Eterna de la compasión? ¿Dónde el miedo de la propia crueldad, volverse sensible al peligro de la propia torpeza? ¿Dónde se puede aprender y aprehender que la verdad más profunda se encuentra a través de la contrición? Constantemente nos encontramos necesitados del don de la purificación. Tenemos necesidad de experimentar momentos en los cuales el Espíritu entra en nuestra historia. Cada uno posee un sentido de la belleza y es capaz de distinguir entre lo que es hermoso y lo que es feo, pero tenemos que ser sensibles no solo a la estética, mas al Espíritu. Y es en la Sinagoga donde podemos buscar esta interioridad y sensibilidad. Para intentar lograr una certeza espiritual, uno no puede apoyarse en sus propias fuerzas. Necesitamos una atmósfera en la cual nuestra sed espiritual está permanentemente condividida por una comunidad. Cierto necesitamos de estudiantes, de estudiosos, de maestros y de especialistas, pero sobre todo necesitamos de testigos, de hombres sumergidos en la vida de adoración, que al menos por un momento, se den cuenta que la vida pierde sentido sin la estrecha unión a Dios. Es deber del cantor crear la comunidad litúrgica y transformar una pluralidad de individuos que rezan en una unidad de personas que adoran. Pensando en su experiencia religiosa, un hebreo se da cuenta que los momentos religiosos más sobresalientes de su existencia tuvieron lugar durante la oración. El culto es la fuente de la experiencia religiosa, de lo que llamamos introspección. En el pasado las horas vividas en la liturgia eran la fuente de nuestra fe y nos tendríamos que interrogar si estas fuentes están todavía vivas en nuestros tiempos. Un día, después de una liturgia, escuché decir a una señora anciana: "Fue una liturgia encantadora, casi lloro". ¿Es esto lo que la oración significa para nosotros? Dios es serio, no es "cariñoso". Y nosotros nos imaginamos que el sentimentalismo sea oración. "Servid al Señor con temor y exultad con terror". La oración es gozo y temor, confianza y terror juntos. He crecido en una familia donde el espíritu era una cosa concreta. No había elegancia, pero si contrición, no había muchas riquezas, pero si un gran deseo de Dios. Mi familia era un lugar donde, encontrando a un hebreo, encontraba el hebraísmo y cuando entrábamos en una Sinagoga, cualquier cosa podía suceder. Todavía hoy, cuando voy a la Sinagoga espero siempre volver a experimentar nuevamente esta atmósfera. Pero ¿qué cosa encuentro en las Sinagogas de hoy día? ¿Qué cosa "sucede" en realidad en nuestras liturgias? Uno se tendría que dar cuenta de las dificultades del cantor. Con frecuencia la invitación a orar se rompe como contra un muro de acero. No siempre la Asamblea está abierta a la adoración y el cantor está llamado a abrir una brecha a la indiferencia general, la tiene que conquistar, para poder rezar en nombre propio, con frecuencia tiene antes que despertar a aquellos que duermen, antes de poder afirmar que es "Shaliach Tzibur" o sea "el enviado de la Comunidad".
La tragedia de la Sinagoga de hoy es la despersonalización de la oración.Ser cantor se ha convertido en una destreza, una técnica, un oficio, una cosa en el fondo impersonal. Como consecuencia de esto los sonidos que emite el cantor no invitan o no suscitan a la Asamblea a participar, entra por los oídos, pero no toca el corazón.

La palabra en lengua hebrea mas apropiada para referirse al cantor es "Baal Tefillah" o sea "Maestro de Oración". La misión del cantor es de conducir a la oración; no está de pie delante del arca como un artista, aislado, buscando mostrar su habilidad o su voz y ni siquiera está delante del arca como un singular individuo, sino que está junto a su comunidad, con la cual tendría que identificarse. El representa, al mismo tiempo que inspira, a la comunidad.En la Sinagoga la música no tiene una finalidad en sí misma, sino que es un medio que debe ayudar a la experiencia religiosa. Su función es de ayudarnos a vivir por un momento en La Presencia de Dios: a abrirnos hacia Él en la alabanza, en el conocimiento de nosotros mismos y en la esperanza…

Nos hemos acostumbrado a creer que el mundo es un vacío espiritual y que son solo los ángeles que proclaman: "llena está la tierra deSu Gloria". Como si solo los serafines estuviesen dotados de la capacidad de glorificar. Los cielos proclaman la gloria de dios. ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo lo manifiestan? No emiten discursos, no dicen palabras, ni siquiera se siente su voz. Los cielos no tienen voz, no se puede escuchar la gloria. Es deber del hombre revelar lo que está escondido, de ser voz de la gloria, de cantar su silencio, de exprimir, de decir lo que está en el corazón de todas las criaturas. La gloria está acá, invisible y silenciosa pero el hombre es su voz. Su deber es de ser el canto, así todo el cosmos es una asamblea en busca de un cantor. De tal manera que cada séptimo día proclamamos: todos te
bendecimos, todos te alaban, todos dicen: ninguno es Santo como el Señor. ¿Qué oído ha escuchado como los árboles cantan a Dios? ¿Alguna vez ha pensado nuestra razón de invitar el sol a alabar al Señor? Con todo lo que el oído no escucha, y que la razón no percibe, nuestra oración lo explica a nuestra alma. Se trata de una verdad que solo el espíritu puede acoger: "todas tus obras te bendicen, Señor". No estamos solos en nuestra alabanza y culto. Donde quiera que exista la vida, existe una liturgia silenciosa. El universo busca continuamente la unidad a través de la adoración y el hombre es el cantor del universo y a él le fue conferida la facultad de subir a Dios a través de esta cósmica oración. Cantar es intuir y afirmar que el espíritu es real y que la gloria está presente. Cantando percibimos lo que está "más allá" de cualquier percepción. El canto, y particularmente el canto litúrgico, no es únicamente un modo de expresión, sino una forma de descender el cielo sobre la tierra. El valor numérico de la palabra shirah (= canto), equivale al valor numérico de la palabra tefillah (=oración). La música sinagogal es ante todo música al servicio de la palabra litúrgica. Su alma es el nussach (=unción) y su integridad depende del cultivo del nussach. Una de las razones principales del decaimiento de la oración sinagogal es la pérdida del nussach, la pérdida del sentido del verdadero canto. Rezar sin la nussach significa perder la participación activa en la comunidad. Si la gente no es capaz de rezar, sin duda será capaz de cantar, y el canto lo conducirá a la oración. Lo que entiendo como desapego entre la música sinagogal y la palabra litúrgica, no es un cantar sin palabras, sino un cantar que contradice la palabra litúrgica. Un problema que es a su vez espiritual y técnico. La voz del cantor no debe reemplazar, y ni siquiera interpretar erróneamente el espíritu de las palabras. El cantor que prefiera hacer sentir su voz más que ser aquel que transmite la palabra, alejándose así del espíritu de las palabras, no logrará nunca acercar la comunidad al espíritu de las palabras, no podrá acercar la comunidad a la oración."Se humilde frente a las palabras", esta frase tendría que ser un imperativo para el cantor. Delante de la Santidad del Arca, un auténtico cantor se daría cuenta que su auditorio no son los hombres, sino Dios mismo; se dará cuenta que no está allí para entretener a la gente, sino para representar el pueblo de Israel y le sucederá que llegará a momentos en los cuales olvidará el mundo entero, ignorará la comunidad, y será invadido de la conciencia de saber que está en presencia de Dios. Entonces la comunidad se dará cuenta que el cantor no da un concierto, sino que adora a Dios; que rezar no significa escuchar a un cantor, sino identificarse con aquello que viene proclamado. Oración es canto. "Cantad a Él, salmodiad para Él, meditad sobre todas sus maravillas, sobre el misterio que nos encierra. La maravilla supera cualquier descripción, el misterio sobrepasa las facultades de cualquier forma lingüística. La única forma lingüística que parece compatible con el milagro y el misterio de la existencia es el lenguaje de la música, por ello la música es más que la sola expresividad. Es mas bien, una forma de penetrar en un reino que está más allá de todo aquello que se puede expresar verbalmente. La expresión verbal tiene el peligro de hacer o transmitir una cosa "de forma literal o literalmente" y de servir como sustituto para la intuición.Las palabras humanas se convierten en "slogans" y estos se transforman en ídolos. Pero la música es el rechazo de la poquedad y limitación humanas. La música es un antídoto contra la idolatría de las palabras humanas. Mientras otras fuerzas en la sociedad se alían para ocultar nuestra mente, la música nos regala momentos en la cual el Inefable se convierte en vida.Fue dicho que cuando el templo estaba todavía en pie, quien transgrediera la ley, llevaría su sacrificio de expiación a Jerusalén, el sacerdote lo escrutaba y discernía todos sus pensamientos, y si percibía que el hombre aquel no se había arrepentido completamente, lo mandaba donde los levitas que comenzaban a cantar salmos para llevar al pecador a la Teshuvá, o sea, al arrepentimiento, al dolor de los pecados, a la contrición.La música tiene el poder de conducirnos a las sombras del arrepentimiento, a una insoportable toma de conciencia de nuestra vanidad y fragilidad, y a la tremenda reverencia debida a Dios.

Sin embargo, la música es un vehículo que puede transmitir cualquier cosa: Puede expresar ya sea vulgaridad como posibilidad de participación de lo que es sublime; puede transmitir vanidad o inspirar humildad, puede generar furor o puede estimular a la práctica de la compasión; puede incitar al vacío o llenar de sentido y de maravilla una determinada situación; con frecuencia es la voz de la más alta reverencia; pero frecuentemente es la expresión más alta de la arrogancia. Antes de entrar a la sinagoga, olvido todo aquello que sé y busco iniciar desde el inicio. Algunas veces las palabras se abren, otras veces permanecen cerradas, pero aún así es el canto que introduce aquel que se encuentra y reconoce con una fe pobre, y la voz del cantor puede ser una puerta.Una de las cosas que contaminan el canto de los cantores de hoy día es la falta de sentido del misterio que está a la raíz de toda conciencia religiosa.
La música alcanza su dimensión religiosa cuando cesa de satisfacerse del sentimiento y de la imaginación.La música religiosa es una tentativa de transmitir aquello que está cerca de nosotros, pero que no podemos percibir con nuestros sentidos.

La progresiva pérdida de esta tensión somete todo el canto sinagogal a un peligro que es el de convertirse en una distorsión del espíritu. La música es el alma del lenguaje. Una buena frase es mucho más que simples palabras unidas entre sí. Una frase sin tono, sin una cualidad musical es como un cuerpo sin alma. El secreto de una frase bien concebida se encuentra en la creación de una cualidad tonal que corresponda al sentido profundo de las palabras que se dicen. Desgraciadamente esta armonía falta muchas veces en la expresión de los cantores. Algunas veces quedamos y probamos el sin sabor cuando escuchamos frases y conjuntos de maravillosos pensamientos expresados con tonos falsos: palabras sublimes pero melodías vulgares. Cuántas cosas que se escuchan en nuestras sinagogas no tienen nada que ver con nuestra liturgia. Cuánta música que escuchamos distorsiona y además contradice las palabras, en vez de ofrecer una debida connotación. Una música de este género tiene un efecto desastroso en nuestro deseo de oración; escuchando algunas melodías
sinagogales modernas con frecuencia uno se siente incómodo y no a gusto. Para que nuestra música religiosa adquiera nuevamente su dignidad, no nos bastará estudiar la tradición musical. Lo que en realidad nos urge es una renovación litúrgica. Esto no sólo requiere un nuevo significado de lo sagrado y una fe renovada, sino también un escrutinio integral, mejorando la comprensión del sentido más profundo de las palabras litúrgicas y del modo de apropiarse y proclamar estas palabras. El declive de los cantores continuará hasta que no nos demos cuenta que el significado del "sacro" y la fe son más importantes que el talento y que la técnica; y la música no debe en ningún momento perder la relación con el espíritu de las palabras.En el judaísmo el estudio es una forma de culto (adoración), pero se puede también decir que el culto es una forma de estudio e incluye la meditación. No basta, por eso, que uno se apoye en la propia voz.
Urge de parte del cantor un constante esfuerzo para encontrar acceso a la sublimidad de las palabras litúrgicas. ¿A que cosa nos exponemos en la misteriosa atmósfera que cubre la Sinagoga? No solo a palabras sagradas y no sólo a tonos sagrados. Esto ciertamente es la esencia de nuestra liturgia: Una combinación de palabras y de música. Pero aunque grande sea la música, ella nunca será el fin último. El último y supremo fin es Dios y el medio a través del cual Él nos guía e la palabra. Nosotros no poseemos música sagrada. La música es sólo el lenguaje del misterio. Pero hay algo que es más grande que el misterio (en el sentido de la inaccesibilidad).
Dios es el significado más allá de todo misterio y este significado se esconde en las palabras de la Biblia, mientras que nuestra oración es un intento de llevar a la luz lo que está oculto en estas palabras. Difícilmente hay pruebas de la existencia de Dios, pero sí hay testigos.
Como primicias de estos testigos encontramos la escritura y luego, aquellos que la meditan y la cantan. Nuestra liturgia es un momento en el cual estos dos testigos se unen y se manifiestan. Por el testimonio de dos testigos todo será decidido. Quizá este es el modo de definir la figura del cantor. Es una persona en la cual se encuentran estos dos testigos. En el cual el yo y la oración son uno solo.
Quisiera definir la esencia de la figura del cantor como el arte de la exégesis litúrgica, el arte de interpretar la palabra de la liturgia. Las palabras mueren en la rutina: es deber del cantor concederles la vida. El cantor es una persona que conoce el secreto de la resurrección de las palabras. Este arte no sólo exige que el cantor ofrezca la propia vida sino también la vida contenida en la piedad de todas las generaciones pasadas. Nuestra liturgia contiene infinitamente mucho más de lo que nuestros corazones puedan "sentir". La liturgia hebrea tanto en palabras como en canto es un sumario de nuestra historia. Existe una Torá escrita (la escritura) y una Torá oral (la tradición). Los hebreos afirmamos que la una sin la otra son incomprensibles. Del mismo modo podemos decir que hay una liturgia escrita y una liturgia vivida. Existe la liturgia, pero existe también una contribución interior y una respuesta a ella, una vía para dar vida a las palabras, un estilo por el cual las palabras generan una proclamación personal y única. El Señor ordenó a Noé: "Entra en la Tevah, tú y toda tu familia". Tevah significa arca, pero también significa palabra. Rezando, una persona debe entrar en la palabra con todo aquello que posee, con el corazón y el alma, con el pensamiento y la voz."Haz una luz para la palabra". La palabra es oscura y el deber de aquel que reza es de encender la luz de la palabra. Humildemente tenemos que acercarnos ya sea a la palabra como al canto. No tenemos que olvidar nunca que la palabra es más profunda que nuestro pensamiento y que el canto es más sublime que nuestra voz. Es la palabra la que nos lleva. Los rabinos dicen que "aquellos que llevaban el Arca de la Alianza eran llevados por el Arca". Y en efecto, quien sabe llevar la palabra en todo su esplendor, es llevado por esta misma palabra y, quien ha encendido una luz a lo interno de la palabra, descubrirá que ha encendido una luz dentro de su alma. ¿Dónde está la Shekinah? ¿Dónde encontramos la presencia de Dios?
Según el Zohar, la Shekinah se encuentra en la palabra. Dios está presente en la palabra sagrada. Rezando descubrimos la santidad de las palabras. El canto es la expresión mas íntima del hombre. De ningún modo el hombre se descubre tan completamente como cuando canta; porque la voz de una persona, en particular cuando canta, es el alma en toda su desnudez. Cuando cantamos exprimimos y confesamos todos nuestros pensamientos. En todo sentido al esencia del cantor es una efusión que emana del corazón.Se cuenta que el Baal Shem Tov estaba escuchando intensamente un músico que cantaba. Sus discípulos le preguntaron por que estaba tan sumergido en la escucha del canto. Respondió: "Cuando uno canta, expulsa de dentro de sí todo aquello que ha hecho".

Se cuenta que muchos cantores frecuentaban al escuela de un rabí casidico. Todos se reunían donde él para las fiestas. Antes del Yom Kipur, un cantor vino hacia el rabí pidiendo la bendición porque tenía que ir a su casa a preparar los cantos para el día del perdón. El rabí le dijo: "Porque tienes que revisar los cantos y las notas, son los mismos del año pasado. Es más importante que tú revises tu vida y observes tus obras, porque no eres el mismo del año pasado".

Un hombre piadoso de la comunidad había perdido el trabajo y buscaba como sobrevivir. Los miembros de su comunidad, que lo admiraban por sus conocimientos de la Torá y su piedad, le sugirieron de fingir como el cantor en aquellos "diez tremendos días". Pero este se consideraba indigno de servir como mensajero de la comunidad, como aquel que eleva la oración de sus compañeros delante del Santo. Fue a consultar a su maestro, el rabí Di Husiatin, le expuso su triste situación e hizo alusión a la invitación de servirlo como cantor, pero que tenía miedo de aceptar aquella invitación porque se sentía indigno. "Ten miedo y canta", le respondió el rabí.

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